¿De dónde soy?

Escuchar Bob Dylan y sobre todo “Like a rolling stone”, pone a uno a pensar. Pienso que la vida nos moldea con cada experiencia, tras eso no existe una ciencia, todos lo sabemos por experiencia. Mi vida es algo que por suerte nunca ha sido monótona al menos hasta hace unos cuantos años, aquí la raíz para escribir este post.
Nací de dos personas que no pensaban encontrarse lejos de casa, que no creían que iban a formar una vida tan pronto y que su juventud se convierta en un torbellino de acabar la carrera, mantener una familia y educarme lo mejor posible, algo de lo que siempre voy a estar agradecido. Lo mejor de haberme criado en este torbellino es que desde chiquito viví lo que un universitario vive. Mi cumpleaños fue una juerga, un tono de amigos de universidad, lejos de casa y con la inmadurez de tener un niño que cumplía su primer año en compañía de tan entrañables personajes. Eso sí, mi madre maduró, se convirtió en una leona que hasta el día de hoy mantiene su firmeza.
Hoy esos personajes han envejecido, el tiempo ha pasado por nosotros pero aún así los recuerdo, entre vagas imágenes y sonidos que me hacen acordar de aquel amigo de mi padre que con una casaca de cuero, un polo blanco y un peinado salido de “Grease”; o aquel amigo poeta que sentados en una mesa de un intento de sala y yo corriendo por ahí que por unos instantes escuchaba con atención aquella forma de embellecer y entristecer la vida en palabras. Como decía, ya son personajes viejos pero que aún hoy saludo con cariño, un cariño que nace de aquellos momentos que quizá no recuerde pero que quedaron en mi ser cuando tenían que cuidarme para que mis viejitos pudiesen estudiar. Pero no sólo de amigos vive el hombre, también estuvo la familia, primos o tíos que viajaron tan lejos, cruzando una frontera para llegar y cuidarme. Cosa que hoy en día me recuerdan siempre que la ocasión lo permite. Muchos de esos momentos los encuentro en fotografías, de esas con la imperfección que tanto atrae cuando hoy la fotografía esta por alcanzar la perfección. Mis primeros o entrando al jardín que por alguna razón detestaba, creo o quiero creer que era por mi profesora, hoy tengo su imagen aún, bueno de todas formas nunca me gustó el colegio. Y así me crié, en ese mundo de estudiantes de medicina y odontología, de familiares tan locos y llenos de vida a los cuales siempre estaré agradecido.
Ocho años viví en Bolivia, luego tocó irse por los estudios de mi viejito, creo que fue lo mejor que pudo haberme pasado en esta vida, porque inició ese viaje que hizo de mí quien soy pero que a su vez deshizo mi identidad, lo cual resulto en algo mucho mejor.
La segunda parte de mi vida es Argentina, un país que hasta el día de hoy recuerdo como el lugar en que mejores momentos pasé y al cual siempre quise volver para quedarme pero la vida no te escucha y nunca tuve la oportunidad -aún un hoy intento regresar-. Buenos Aires me encantó desde un principio, esa vida que llevan los argentinos en una mezcla de europeos y latinos que encanta a cualquiera. Durante los años que viví en Argentina, fue el primero el que pasé viviendo sólo con mi padre durante un tiempo y luego mi abuela se sumó a mi crianza mientras mamá terminaba de estudiar.
Vivíamos en un clásico departamento de Buenos Aires, pequeño, con una sala, su cocina, un bidé, un ascensor de esos antiguos que se deben de cerrar -que me quitaron unas cuantas horas de mi vida, las cuales aprovechaba para escuchar los consejos de mi padre - y una terraza que daba a la majestuosa ciudad llena de edificios que es Buenos Aires. Recuerdo aún y también ayudado por un viaje que tuve hace poco con mi familia para recordar esos años esa cuadra que era mi hogar, una que había de todo, tenías al clásico remisero hincha de Platense sentado ahí que de vez en cuando nos llevaba a donde teníamos que ir y nos contaba sobre su equipo, como la luchaba para mantenerse en primera -incluso años después Platense bajó y mi viejo me llamó para contarme y decirme ¿Te acuerdas del remisero, pobre boludo como debe estar?-, pero aún existe mucho más para contar sobre esa etapa. Teníamos al de la tienda, el que me apodó con Che Carlitos, en parte por mi apellido que recuerda a un gran persona y en parte porque uno de niño se adapta con tal facilidad que “che” y “boludo” eran de mi vocabulario a penas pise suelo argentino, incluso hoy en día “boludo” es una palabra fija en casa, convertida en una forma que tenemos para recordar esos años.
Muchas cosas hay para contar sobre Argentina, quizá mas que ninguna otra pero lo dejaré más adelante, así como los demás país en los que tuve que vivir, que son unos cuantos más. Justamente esta es la razón de empezar a escribir y el porqué del título de este artículo -encontraré la respuesta escribiendo más sobre mí-, el cual nace de todos los lugares en los que viví y me forme, de las personas que me marcaron y los años que pasaron que hoy en día no puedo decir que soy de un país, porque incluso en mi pasaporte sólo dice nacido en el extranjero.
>